miércoles, 22 de abril de 2009

escena en un autoservicio



Max se ve atrapado entre el caos vehicular dentro de un autoservicio.
Todos tratan de avanzar con sus carritos del mismo diseño pero claramente diferenciados por sus contenidos. Alguien menciona las ofertas en el altoparlante.Todos sonríen mientras compran, se saludan, conversan, hasta que llegan a las cajas. En la caja nadie sonríe. Nunca.
Max no lleva una lista de compras, ni un niño sentado en el coche, ni una compañera que la ayude a elegir los productos. Observa una manzana solitaria en medio de una montaña de papas.
Se siente como esa manzana.

A diferencia de las calles, en un autoservicio cuando alguien choca con otro se disculpa, no lo insulta ni lo agarra a golpes. Algunos/as hasta sonríen, cruzan miradas, palabras amables, incluso coquetean.
Nadie muere atropellado en el autoservicio, a menos que sea una fruta que se cayó de su torre. Aún así es poco probable que muera aplastada por las ruedas de un carrito; suele haber alguien que a tiempo la coloca en su lugar. Sólo cuando esto no ocurre, la pobre fruta puede terminar aplastada por una sadalia, unas zapatillas, una bota o un taco 7.

Max observa a la gente en aquel tráfico de coches cargados de alimentos y bebidas. Emiten señales de superioridad, de pertenencia, de exigencia, de necesidad o de derroche. Nadie dirige ese tránsito. No hay reglamentos ni señalética, a menos que quieras saber donde está la leche por ejemplo. Es la cuarta semana de Max tratando de olvidar el hemisferio solitario de su cama haciendo girar las ruedas de un carrito de compras entre cientos de marcas. Cruza miradas buscando una cara amable, un flechazo furtivo que sea el comienzo de una aventura con código de barras. Choca su carrito con el de una mujer sin anillo concentrada en las infusiones. No logra atraer su mirada. Se disculpa. Avanza contra el tráfico. Toma una conserva y hace una pregunta tonta a la chica ejecutiva que revisa su lista. No obtiene respuesta. Va a la sección de shampoos. Hay una nación de mujeres leyendo los frascos. Max nota que las fórmulas por tipo de cabello son más atractivas que él. Vencido una vez más y sin nada en su carrito, se fija en aquella manzana sobre la ruma de papas que observó toda la escena. Aquella manzana silenciosa y solitaria que lo hizo darse cuenta hasta donde nos lleva la soledad y el precio que nos hace pagar por nuestros errores.
Va con el coche vacío hasta aquella manzana y la lleva consigo. Luego, se dirige a la caja con la fila más larga de coches llenos y tampoco sonríe mientras espera su turno para pagar la fruta en cuestión.
Casi 20 minutos después, una trigueña de ojos pequeños y prendedor con el nombre de Andrea presiona el botón que hace avanzar los productos en la faja transportadora de la caja y recibe una solitaria manzana. Luego de haber escuchado el escáner sonar infinidad de veces como cada noche de lunes, cansada levanta la mirada y no puede evitar sonreír ante la escena y la paciente espera de un cliente tan solitario como su manzana. Max la mira y también sonríe. Por un instante esa caja con ambos mirándose parece la toma principal de un comercial de televisión para una cadena de autoservicios.
Una vez fuera, Max camina hasta su departamento sintiendo en cada bocado que esa es la manzana más deliciosa que no probaba en mucho tiempo.
Sin duda, al día siguiente irá por otra igual. Y la pagará en la misma caja.

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martes, 14 de abril de 2009

privado


Mi mirada se ve distinta. Siento los ojos furiosos y por instantes no me reconozco en el espejo. Dentro, todo parece sonar en mono. Entran dos tipos aceitosos con pinta de contadores dejando pasar con ellos los compases de una balada-metal ochentera. Ebrios comentan sobre el culo de una bailaria. Otra se contonea sobre una sucia barra bajo una raquítica luz. Los tipos jalan y cuentan sus billetes planeando disfrutar entre ambos algo parecido a una mujer, que según dicen, lo hará con los dos si comparten su coca. Me mojo la cara tratando de quitarme las náuseas y registrando con dificultad lo que pasa dentro del baño. Huele fuerte a orines. Alguien vomita. Un tipo cayéndose entra con una mujer mayor de maquillaje corrido. Mientras ella le frota la bragueta con una mano, con la otra lo bolsiquea a su antojo. Me guiña un ojo. Yo no vi nada. La voz en los parlantes anuncia que en breve una tal Sheila subirá al escenario.
Son las 3:43 de la madrugada y estoy borracho en el peor night club de Lima.

Por un momento ya no siento lo malo que es el whisky. Todo ese ambiente puteril infectado de necesidad y pobreza rebrota mágicamente en siniestra alegría cuando al pasar los minutos las tristes putas intentan sacar lo que sea. Bailan, ríen, te agarran las pelotas, el culo y te ofrecen las más decadentes y sublimes faenas.
Estoy recostado sobre la barra y Mila, mi acompañante improvisada, desiste de venderme su cuerpo para advertir que estoy muy mareado. La veo como si yo fuera un mosca; multiplicada y en tornasol. Tiene las rodillas ásperas. Alguien le grita algo desde un lado refiriéndose a mi pero ella las calla. Creo que nota que algo o alguien me llevó hasta ahí. Finalmente me desea suerte y se va, no sin antes advertir a las demás que de mi no sacaran nada. Los tipos golpean las mesas. Saco de mis bolsillos billetes arrugados hechos bolitas. Suelo tenerlos así cuando me pierdo en la noche. Pido más whisky malo y siento un zapato de tacón que desde arriba de la barra se apoya en mi hombro. Uñas rojas descarcaradas y una mano que levanta mi barbilla. Total eclipse of the heart. Me aplauden no sé por qué. Otra vez la visión de mosca.
Hay una cortina que separa el ambiente de una escalera. Pregunto al mozo a dónde me llevan. Al privado señor, 40 soles por canción y la hembrita le baila encima, ya uté le pregunta si puede tocar pe. Quiero mi privado. Saco cuatro bolitas de papel moneda y busco lo que mis ojos de mosca me permitan identificar entre el humo y la poca luz como algo parecido a un ángel de concreto. Veo una chica de pechos sentada sobre un mueble rojo grasiento. Saco un ticket y me acerco a ella reclamando mi canción a cambio de aquel rectángulo de papel sucio numerado. Ella se para de mala gana. Es diminuta y menuda. Tira de su blusa corta cubriendo una particular panza que parece tener estrías. Vamos, dice seca en mi oído. Creo que Madonna canta material girl. Abre la cortina y me encuentro siguiendo sus caderas en una escalera demasiado empinada. Encuentro arriba una fila de privados. Papel higiénico usado por el suelo, risas, olor a pescado.
Siéntate, ya sabes que es lo que dure la canción. Suena una vieja balada de Steve Perry y ella se mueve como en piloto automático. Cómo te llamas? pregunto. Olenka me dice. Su piel parece amarillenta, pero conserva cierta gracia. Quizás no, pero no me importa, ya tengo mi privado. No me mira. No sé qué hacer, así que simplemente la contemplo. Me fijo en sus pechos como una atractiva razón para estar ahí. Pregunto nerviosamente si puedo tocar. Despacito me dice, por favor, despacito. Llevo mis manos hacia aquellos redondos pechos y presiono. Escucho en la oscuridad una especie de lamento en su voz y algo húmedo me cae sobre los ojos. Olenka, qué pasó, qué es esto? le digo extrañado pero sin enojo.
- Leche materna- me dice fríamente - y ya se terminó tu canción...


Cuando salí de ahí había sol, no estaba tan borracho y tenía muchas historias registradas, pero sólo puedo compartir esta.
Las otras, son privadas.


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martes, 7 de abril de 2009

de amigos y amantes




T. me convence de lanzar un joint y ponerle fin a mi exclusivo momento de botellas y copas . Tiene un lindo departamento en Chorrillos y el mar de Grau se ve más pacífico que nunca enmarcado en su ventana de bordes naranjas pintados a mano. T. saca una mala copia de A Bout De Souffle de Godard mientras J. su novio, mi mejor amigo, prepara algo en la cocina. Tres noches antes ella y yo bebíamos en silencio cerca al Puente de los Suspiros, suspirando por las rupturas con nuestros respectivos, ya que además de perderlos, nos separaba como grupo.
Bebimos lo suficiente como para tener que conocernos otra vez. Aquella vez la conocí mejor que nunca.

T. bebe y sonríe conmigo distinto que cuando está con J. Esa noche no quise sentir las señales que me envió bajo y sobre la mesa, hasta que abrazados y tambaleantes rumbo al lindo depa chorrillano me preguntó en su puerta si no quería quedarme a dormir. Su roommate, una morena actriz de teatro que además eventualmente hacía de clown, no estaba en casa y J. existía fuera de su corazón tras un diluvio de lágrimas y otro huayco de palabras gruesas - eso si, para ti no tengo ni cama ni pijama - fue la frase que me empujó a su colchón subrayando que J. era llanto del pasado.
De los suspiros pasamos a los alaridos y el mar de Grau no fue tan pacífico esa madrugada.

Cuando desperté, la actriz y eventual clown me estaba mirando. Me echó del lindo departamento chorrillano acusándome de traición a J., hipocresía con mi ex pareja y abusador de T. en su indefenso estado. Le dije que como actriz era mejor payaso, me puse el calzoncillo al revés y me fui sin mañanero ni desayuno .
A medida que pasaron las horas y me encontraba con los trozos perdidos de la madrugada me quedaron tres ideas en la cabeza : 1.T. era una extraordinaria amante que olvidaba con facilidad, 2. nunca amé a mi ex y 3. yo era el peor amigo del mundo.

Tres días más tarde J. se reconciliaba con T. y me llamaba emocionado para agradecerme los consejos que le di a ella cuando salimos, que le hice darse cuenta de cuánto lo amaba, qué salir conmigo fue lo mejor que pudo hacer para reflexionar, así qué gracias amigo, porque sólo un amigo como tú, un amigo de verdad consigue hacer lo que yo hice, así que me esperan en el lindo depa chorrillano frente al mar de Grau a almorzar, que yo, mi amigo, cocinaré para ti.


T. me pone un joint en la boca y lo enciende. Le doy una larga calada y no siento nada.
Toso demasiado y mis pulmones se expanden. J. y T. fuman, ríen, se besan. Yo no siento nada. Ponen la película de Godard cubriendo la ventana con una gran mandala India, dejando que pequeños halos de luz corten la escena mientras siento como si dos manos tiraran de mis ojos achinándome. Me repito no siento nada. Aparece un primer plano de Belmondo y no puedo parar de reír. En un respiro pienso que sobre esa cama en la que estamos echados hoy los tres T. y yo tiramos borrachos hace muy poco, cacherío que marcaría su retorno a los brazos de J., y mientras Belmondo sale más con esa cara de galán tonto intento decirles que esa es la cara más graciosa que he visto en mi vida, hasta que al voltear los descubro pegados por la jeta como dos pescados.
Los dejé solos y me fui stone a mirar el mar, escuchando en mi cabeza la risa burlona de la actriz-clown que me pegaba la nariz roja de un solo golpe.
Saqué mi libreta y anoté "a veces ser honesto es una excentricidad".
Luego me fui a comer como nunca en mi vida.

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lunes, 30 de marzo de 2009

bésame mucho


Primero vino el silencio. Luego la lluvia estelar.
El suave contacto liberó cientos de ángeles que segundos antes eran de concreto y ahora danzaban haciendo que la fina luz se vuelva estroboscópica y perfumada de sexy malicia.
Se redefinieron algunos territorios como amor, dulce, libre y caliente, filtrando entre sus tejidos el nacimiento de un nuevo canto que predicaba- infinito y único es el menor momento.
Se hicieron un columpio de caricias con horizonte de ventanas abiertas, abanicado con palabras en lengua nueva creada con la energía de la escena. Se conquistó la galaxia a paso lento, colonizando el cuerpo con dedos curiosos de ojos cerrados, determinantes como un mar sin llaves acogiendo tempestades de cabellos largos y voz de mujer. Ofrecieron al amor un sabor virgen y molecular, entrañable, incandescente. Indestructible. Y la vida pagana celebró, la fauna siguió danzando a su alrededor el ritual de la supervivencia del quinto día, esa infinita fiesta que alberga con brazos abiertos las apetencias de aquellos que también por las noches buscan respuestas como ésta, luces de nuestra existencia que al dejarlas salir nos dicen entre labios cual es el mapa de nuestras vidas y que a manera de soundtrack solo les basta la voz de sus sístoles y diástoles sumadas a su propia voz interior. Se compartió fiesta y disfrutaron cena. Merendaron sus nombres, sus pasados y sus futuros en tiempo presente.
Cuando al fin aterrizaron, miraron dentro de ellas y ambas se dijeron al mismo tiempo - anda, bésame otra vez.

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martes, 24 de marzo de 2009

contigo aprendí


Viviana observa su café y esta vez no escucha todas las charlas que se dan a su alrededor.
Usualmente lo haría; se dejaría llevar por las voces de aquellos desconocidos que por un instante se vuelven un 1% familiares cuando a través de las ondas del sonido de sus voces en al aire, comparten inocentemente información sobre sus vidas, fragmentos de historia humana servida en porciones de comunicación pura e inalterada, el ingrediente impresicindible en nuestra pasajera vida social, en nuestra manera de relacionarnos.
Alrededor de Viviana, las mesas están llenas de parejas contando cosas que esta vez ella no quiere escuchar. Hoy se trataba de su vida.
Viviana se concentra en el café y lo único que ve en él es su reflejo buscando una respuesta, mirándose a sí misma. Curioso, piensa, este café oscuro y amargo define perfectamente este instante definitivo.
Primera gran pregunta: al llegar el fin, realmente necesitaba guardar de cada relación lo peor para mejorarlo en la siguiente y lo mejor para voverlo a disfrutar en una versión superior una vez que esté en otros brazos?
Eres una reclicadora emocional, le reprochó a su reflejo en el café.
Segunda gran pregunta: el hombre fantasía sexual o el padre ideal para sus hijos?
Zorra, eres una ninfómana convenida y no aceptas que no existe el hombre perfecto, murmuró.
Tercera y última pregunta: debería aterrorizarse de no estar casada y con hijos entrando a los 30?
Cuando estaba por concluir su autoanálisis Ramiro entró en el café. Tenía veinte minutos de retraso y esta vez, a diferencia de un tiempo atrás, no trajo consigo esa aura de luz cegadora, esa capacidad de detener el tiempo, ese embriagador aroma que emanaba de su ser, esa divina condición de ángel terráqueo y único que solían hacerlo irresistible, no tenía esa cosa fresa que solía hacer suspirar a Viviana. Luego de darle un beso con lengua, se sentó.
Entonces Viviana le dijo - Ramiro no sé cómo decir esto. Intenté tener contigo una relación perfecta, como nunca antes la tuve, puse todo de mi parte para no fallar, pero fracasé. Busqué en ti el hombre con quien pasar el resto de mi vida, que me satisfaga, que me de un futuro, seguridad, familia y no lo encontré. Voy a cumplir 30 años y esta decisión es la más difícil de mi vida...
Cuando parecía que todos alrededor querían saber saber qué le diría, Viviana trajo a Ramiro hacia ella y habló en su oído.

Luego de aquel encuentro, pasó un tiempo antes que cada uno hiciera su vida y tuvieran sus propias familias. Pero en medio de todo, nunca dejaron de comerse.
Y fueron amantes para siempre.

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viernes, 13 de marzo de 2009

papá lo sabe todo




Ignacio me contó que una vez de niño vió a su viejo quemar un papelito en la enorme chimenea del cuarto de la casa de campo mientras le decía - esto es porque los objetos que no se usan regularmente pierden su esencia y se vuelven inútiles con el tiempo.

Creo que su viejo siempre quiso tener una chimenea, pero es un poco raro mandar a construír una en la habitación si es que no la vas a utilizar. Y eso que además tiene un jacuzzi, pero ése si lo usaba porque al viejo le encantaban las mocosas, alardear sobre la plata que tenía, creo que incluso jalaba. Le gustaban el whisky, las mocosas y la coca. Ignacio no salió a él, siempre fue más bien tranquilo, reservado, como que la cosa le iba por dentro, pero cuando chupaba y jalaba le salía toda ese rollo que tenía contra su viejo. Pobre Ignacio, decía que su existencia era producto de un jebe roto. Al viejo lo odiaba y por él odiaba su vida, su problema para relacionarse, sus temblores, su tonto tartamudeo y hasta sus granos. Viejo putón le decía, no le perdonaba el abandono, no se la compraba. Su vieja se marchitó con eso, no se casó más. Ignacio la visitaba de vez en cuando. Me dijo que a su vieja la verguenza la dejó muda, pero nunca pobre. Usted sabe, jefecito el viejo tenía sus fichas y la plata es la solución a la mayoría de problemas. Le calló la boca a la señora pero como dije, ese bille la hizo decrépita y la apagó poco a poco ante la mirada inútil de Ignacio. Bueno, el asunto es que su padre, es decir el viejo putón, parece que una vez cuando Ignacio era chico lo llevó como excusa para escaparse a aquella casota en el campo donde celebraba una de sus clásicos fines de semana de relax. Entonces decía a su mujer que se iba a pasear a con Ignacio a que monte caballo y respire aire puro, solos, los dos hombres de la casa y el pendejo se iba de putas a la casa de campo, le ponía la tele al chibolo y comenzaba la jaladera y la culeadera todo el día. Ignacio se ganó siempre con toda esa vaina. Creo que hasta el viejo hizo que se la chuparan a los doce, una negra que limpiaba la piscina. Eso lo cagó al flaco, usted me entiende. Hay cosas que se te marcan y creo que Ignacio salió drogón, complicado y depre por su viejo, como tantos broders que conozco. Bueno, ahora que quiere saber lo que vi, se lo cuento. Nos fuimos una mancha a esa maldita casa para hacer una fiesta. Fue idea mía, no de Ignacio. El viejo putón estaba de vacaciones en Roma y jodimos a Ignacio para armarla. Nos fuimos seis puntas. Bueno, no sé si quiera detalles, pero pasó todo lo que podría pasar si una mancha con flacas se junta en una casota de campo con tragos y coca. A eso de las 7:00 de la mañana del día siguiente a la fiesta no encontraba a Ignacio por ningún lado. Se había pasado la noche chupando y jalando solo en la terraza, no quiso culear, no quiso bailar. Cuando lo encontré estaba sentado en el cuarto de su viejo, mirando esa chimenea que nunca se usaba salvo para quemar papelitos. Me contó lo que le dijo de chibolo sobre utilizar los objetos para que no pierdan su esencia y no se vuelvan inútiles, me lo dijo llorando, pasado de vueltas. Cuando se paró recién me pude dar cuenta que tenía la pistola de su viejo en la mano y su viejo, que yo sepa, nunca había utilizado ese cohete. Terminó de recordar aquel momento padre-hijo en la chimenea y se quitó corriendo con el fierro. La verdad jefe, no tengo ni idea de donde puede estar Ignacio en este momento, pero al menos sabemos que su viejo está bajo tierra. Eso es todo.
...disculpe jefe, ya me puedo ir?


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lunes, 9 de marzo de 2009

estrógeno power



Cuando pasó, lo primero que Dani recordó fue la voz de su mejor amigo diciendo que cuando finalmente las chicas son penetradas por el hombre que les hace perder la cabeza, resulta ser un momento sublime. Ahora que esto ocurría, Dani podía afirmar que parecía ser cierto.

Dani tenía sobre y dentro de ella a aquel ejemplar perfecto para su mundo ; guapo, inteligente, capaz, caballeroso, educado, exitoso y pingón. Aquel miembro dentro era la conquista definitiva tras años de riesgos, juegos y puestas donde se dejó la virginidad, el corazón y hasta el orgullo más de una vez. Todas, solía pensar, sabemos cuando llega él indicado y éste lo era.
Gozaba con sus manos sobre las caderas presionándola contra él al más delicioso de los ritmos, aquellos suaves labios de besos varoniles e intensos, su barba raspándole la piel, el esperado y romántico despertar a su lado, los primeros desayunos, las infinitas cosas para compartir, citas, sopresas, la exploración de las pasiones y finalmente la propisición para el altar ante la algarabía familiar, el tan ansiado sí acepto.
Luego los planes, el progreso mutuo para construír un futuro, la convivencia. El redescubrir sus hábitos, el sexo relajado y ocasional, la comprensión de sus manías y el respeto por sus espacios y momentos. La tele y el fútbol, los comentarios como "eso te vas a poner?", el nacimiento de la panza, las rutinas, los primeros pedos y eructos. Los arrullos cambiados por ronquidos, un creciente mal humor, la apatía y los hijos justo a tiempo para salvar el momento. Luego los sacrificios por la familia, las cuentas, las discusiones y los celos. El inevitable descubrimiento de una infidelidad, la verguenza y el silencio. Los chicos-problema, la carrera personal frustrada, la dependencia económica y la soledad amarga.

Se hizo un silencio y la cama se congeló.

Mientras Dani esperaba fuera un taxi pensaba que en la vida, de una u otra manera, una siempre termina penetrada.

- quizás esto no sea para mi - se dijo en voz alta. Luego se fue por una copa.
Sentada en el bar se encontró con sus mejores amigas y curiosamente percibió la sublime presencia de muchas más mujeres que hombres.
Y brindó por eso.

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viernes, 27 de febrero de 2009

diminuto final infeliz




Los apasionados besos de los protagonistas de la telenovela de las 8 le resultaban inquietantes. Siendo las 8:14 , C deseaba más que nada en el mundo que su esposo llegara al departamento y la viole varias veces.

Cuando llega J, encuentra a C dispuesta a masturbarse pensando en aquellos primeros besos a escondidas con amigos/conocidos/desconocidos. Pensando en las primarias sesiones masturbatorias sobre su cama llena de stickers de Hello Kitty y números de teléfonos de distintos muchachos garabateados con tinta azul Faber Castell. La encuentra dispuesta a hacerlo pensando en cómo fue descubriendo el sexo con él para quedarse con él, casarse con él y ahora esperar fiel y humedecida para ser sometida por él.

J dejó las llaves sobre la mesa y le pidió disculpas sin la menor emoción, pero le resultaba imposible quitarse el traje de hombre casado que llega tarde de trabajar.
Luego, impasible y lánguido, le preguntó qué había para comer.

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lunes, 23 de febrero de 2009

es evolución nena!



Un sostenido cambio social-divino afectó drásticamente el equilibrio del sistema y su rica forma de vida. Se extinguieron fuegos y se aplacaron temblores. La combustión pasó de ser espontánea a ser controlada.
Aquel frágil y maravilloso mundo comenzaba a girar directo hacia la evolución.

Las líneas de expresión de sus nativos, esas que alguna vez fueron mapas de la felicidad, se reinauguraron como autopistas que ahora conectaban la vida con la rutina, en viajes loopeados de 24 horas, 365 días al año totalmente gratis y all inclusive.
Se abandonó la salvaje desnudez y se dio la bienvenida a la moda. Se impuso la educación y se automatizaron la mayoría de los momentos, las formas sobre los fondos y la bandera de la seguridad flameó en lo más alto. Se dejó la caza y se estableció la casa. Aparecieron las horas y los horarios. Se reordenaron las apetencias y los momentos de consumo. Se prohibió comer con las manos, pero también con los ojos y con el pensamiento. Se impuso la ley de la piel limpia, pero no se aplicó un decreto para el alma. Se fijaron verdades pero se dejaron libres las mentiras y se le impuso un valor económico a prueba de cualquier valor moral, solo para evitar epidemias. La comunicación simple se hizo simplona. Se lanzó con éxito un plan vital que recreaba el viejo modelo de vida, que para mayor confort y seguridad de sus usuarios, contaba con un modernísimo sistema electrónico digital de avanzada, 100% garantizado (se incluyó el programa de emociones producidas totalmente gratis)
Finalmente se enseñó a las almas a caminar en dos pies sobre la alfombrada superficie de la razón.

En silencio, durante larguísimos tic-tac's, sus habitantes notaron inquietos que aunque estaban uno al lado del otro, cada cual gobernaba y defendía su porción tierra bajo el mismo cielo de cemento, todo esto iluminado por la apática luz de la electricidad.

Inevitablemente, se extinguieron.

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miércoles, 18 de febrero de 2009

cuestión de segundos



En un segundo la vida otra vez había cambiado.
Un momento antes él jugueteaba con el ombligo de ella y escuchaba su risa vibrante y luminosa, envuelto en aquel espiral de alegría, pelos largos y piel morena. Una suma de momentos antes, la puesta del sol era saboreada por un blanco frío sobre arena tibia; vino, playa y libertad, muy al norte del ruído de los que siempre están tarde para marcar algo, de los niños que encuentran una pistola en el cajón de papá, de las chimeneas tristes en desuso, de la lánguida mirada de los hombres del peaje, esos que son los últimos que ven con vida a los conductores suicidas antes de estrellarse en las carreteras unos segundos después. De los policías tentados a ser villanos por la voz de la miseria, de las mentiras que crecen cuando moran ocultas mucho tiempo, de nuestros harapos dorados y flacas alegrías, de los que se vuelven no y de todos los tic-tac de nuestra historia. Y ahora, este norte soleado de nocturnidad, convertido en paraíso de manzanas sin serpientes, en eterno loop de vida y muerte (donde se sufre para cobrar y poder escapar de lo que la zoociedad enseña y la familia deforma) comenzará a sufrir en cuestión de segundos.

Los orgasmos parecen ser eternos, pero a veces duran unos segundos. Los segundos en el amor a veces parecen durar más tiempo. Parecen.
Mientras él juguetea con su ombligo, comprendió que aquel epicentro de vida podría ser el refugio ideal, pero nada dura para siempre. Tras repasar en segundos sus continuas infidelidades, se incorporó y la miró como un hombre mira cuando intenta decir la verdad.
Segundos después le dijo de pronto que no la quería más.
Terrible fue su sorpresa cuando ella, segundos después, le dijo que hacía mucho tiempo más había dejado de amarlo.

Mientras la veía alejarse por la playa, pensó que una vida no le bastará para saber cuánto tiempo ella ocultó esa verdad.

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