Mostrando las entradas con la etiqueta momentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta momentos. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de junio de 2009

Viajes & Momentos


Aviones cruzan el cielo de noche. Son dos y van cada uno en dirección opuesta. Un minuto antes te abrazaba, ahora observo algo que no he tenido oportunidad de ver antes; dos aviones viajando en el mismo plano de mi visión, uno frente al otro. Observarlos a esa distancia me hace pensar por un instante que una ligera falla haría que se estrellen, pero no. Simplemente es gente viajando en direcciones opuestas, cada uno muy lejos del otro en todo sentido, gente encerrada en una lata que se mueve muy rápido en el aire. Viajeros, un poco como nosotros.
Te abrazo otra vez. Despego.

...

Cuando duermes son®íes. Yo no. Soy un ácido. Tú sonríes. Aquella energía me permite la posibilidad de un colorido despertar. No he conocido mucha gente que sonríe cuando duerme ni menos que lo primero que haga sea sonreír al despertar. Amanece. Buscas instintivamente el abrazo y encapsulas afectos. Ese poderoso intercambio hace que la sangre corra violentamente. Es una suerte que en nuestras venas y arterias no hayan reglas de tránsito; muchos hubieran muerto a esta velocidad, como nosotros, que en cada anochecer morimos y al amanecer resucitamos. Como viajeros dimensionales e indocumentados. Viajeros al fin.
Cierro los ojos y sonrío. Color.


...

Miro al cielo. Espero que me aplaste en algún momento. Tú haces lo mismo. Estamos elevados. Sol y frío - dices - es una mezcla adecuada para este lánguido invierno limeño, como Amor +Pasión. Flotando nos reímos en ese ritual de seguir buscando estímulos. Te digo - la gente se puede clasificar (y entender) según las cosas que los estimulen. Pausa y dices - ahora comprendo por qué hay Paris Hilton y Stephen Hawking. Pausa y buscamos estímulo en el espacio. El cielo ahora nos pertenece. Pregunto - dónde estamos? Tus manos tocan mis párpados mientras me dices - aterriza en mi.

...

Me resultaba imposible entender cómo desciende un ángel atravesando millones de kilómetros desde el cielo y tras ese viaje, cómo luce en tierra firme.
Hasta que caíste sobre mi.

...

domingo, 14 de junio de 2009

la paz sea conmigo


La primera vez que la vi fue en la iglesia.
No recuerdo antes haber sentido que algo divino estuviera en la tierra tan cerca a mi y me hubiera tocado.
Escuchar la misa todos los domingos era algo que al comienzo mi madre me obligaba a hacer. Puedo confesar sin miedo que realmente detestaba no poder estar en la playa, jugando cartas o simplemente no haciendo nada en vez de tener que ir a la iglesia a escuchar la Santa Misa. Me resultaba aburrido, agotador, sin sentido. Lo digo sin ofender, siendo honesto, pero siempre terminaba por ir cada domingo simulando ser un creyente más cuando en verdad no creía en nada ni en nadie.
La iglesa en aquel tiempo era como una cárcel para mi. Dentro de ella, toda la hora que duraba la misa me sentía como un prisionero. Trataba de hacer que mi mente se distrajera en las cosas más tontas. Comencé memorizando todo; las palabras del padre, las apasionadas y delirantes canciones religiosas, luego los rostros, la ubicación de algunas personas. Llegué a detectar quienes daban limosna y quienes no, quienes realmente eran creyentes y quienes no. Descubrí sutiles códigos entre las personas en sus manos, sus miradas y las posición de sus cuerpos. Aún así me la pasaba aburrido. Lo peor llegaba cuando el padre invitaba a todos a darnos fraternalmente la paz. Esa espantosa sensación de tener que tocar a un desconocido y decirle sin sentirlo - la paz sea contigo- me producía una repulsión espantosa. Hombres, niños, señoras; siempre tenía a alguien cerca que volteaba repentinamente sonriendo y me tenía que dar la paz. Atroz. No sabía qué cara poner, no sabía qué decir. Lo peor era cuando un anciano lo hacía. Esas manos arrugadas, temblorosas, llenas de manchas posándose sobre mi hombro, tocando mi brazo, a veces mi mano. Era demasiado para mi. En aquellos tiempos me resultaba imposible evadir esa responsabilidad y no me era nada cómoda esa carga, esa presión familiar, esos sentimiendos estrellándose en mi corazón. Llegué a sentir que todo en la iglesia me observaba, desde las personas hasta las imágenes. Entonces cuando ese pánico me colmaba llegaba lo peor - hermanos, démonos fraternalmente la paz-
Una vez, preso de esa crisis de domingo, fui finalmente bendecido. Si, no exagero. Fui realmente tocado por un ángel. Aquella vez no fue una mano robusta, ni unos dedos sucios, ni mucho menos aquellos huesudos y temblorosos dedos de epidermis manchada por los años los que me tocaron. Una delicada mano se posó sobre mi, una mano fina, firme, impecable y lozana. Al levantar la mirada un par de ojos marrones me devolvían literalmente la paz perdida tanto tiempo. Fue como un exorcismo, un momento divino, un verdadero milagro. Desde aquella vez mi peregrinaje a la iglesia fue obligado por mi, sólo para verla, para sentirme tocado otra vez por tanta pureza. En casa todos celebraban mi repentina devoción. Me levantaba muy temprano. Llegaba ansioso y transpirado a la iglesia a ubicarla entre tanto cristiano pecador. Una vez localizada, el siguiente paso era acercarme lo más posible, estar tan cerca de ella que llegado el momento de darnos la paz su brazo me pueda tocar y así recibir el mensaje de sus labios, de sus ojos. No me diga nada todavía. Esa niña estaba haciendo que crea en el Señor, en esa fuerza que me invadía y sacudía mi cuerpo. Su sólo contacto me encendía. Por la noches, soñaba con esos ojos, esa expresión y esa mano tocándome. Despertaba excitado y humedecido, sufriendo al contar los días - todavía falta para verla el domingo - me repetía como azotándome con mis palabras - todavía falta. Entonces, enfebrecido rezaba apasionado y al dormir volvía a soñar con esa niña, hasta que nuevamente el domingo llegaba, iba a buscarla, me ubicaba cerca a ella y recibía la paz. Pero ultimamente he descubierto que después que ella me bendice con la tibieza en su contacto coronado por las palabras en la más dulce de las voces no puedo evitar llegar a casa y pensando en ese instante tocarme, imaginando que es ella quien me toca.
Me asalta un vértigo por el que me dejo llevar. Me precipito y luego, luego viene la paz, la verdadera y sublime paz. Hoy, ya no puedo evitar hacerlo varias veces, muchas más los domingos después de la misa. Me siento muy extraño.
Padre, usted cree que eso esté mal, cree que voy a ir al infierno?


...

domingo, 31 de mayo de 2009

my way



Toda esta maldita cosa de sobrellevar (y sobrevivir) al desencanto no hacían más que darle a la vida de Nati un aura de ensoñación perversa donde, entre humo y poca luz, navegaban la mayoría de noches sus extremas vivencias-socorristas que la rescataban a tiempo de su más reciente (y definitiva?) ruptura amorosa. Las aguas solían ser océanos de vodka con tónica. Aguas movidas con tormentas. Todos lo sabíamos, el plan era simple; cómo hacer para cruzarnos en su camino. Afortunados malditos los que pretendíamos ponerla a tono para recibir algún gozo que representara para ella una forma de venganza. Testimonios reales afirmaban lo placentero que podía ser enredarse con una chica con el temperamento de Natalia, despechada y ofendida, amarga como un bolero cantinero, queriendo cobrarse en cada cogida esa deslealtad que caracteriza, en sus palabras, a todos los hombres del planeta, entre ellos al ex en cuestión.
Nati, No-amor, y brinda. Y quién sabe, muy dentro de ella, sus hormonas aplauden toda esa hambrienta necesidad de aventuras de una noche. Revancha en hilo dental. Y brinda, Nati.
Cuidadosamente hice un trazo cuyo recorrido me ponía en su camino. Esa noche pensé, ahora me toca. Finalmente, soy hombre.

A veces me resulta más claro tener una idea del tiempo registrando cosas como besos, copas, relaciones o charlas. Hechos puntuales me sitúan en un momento en particular.
No importa cómo ella aceptó mi compañía. Alguna vez nos vimos en la barra, o nos tocamos bailando. Nati siempre tenía aquellos viajes con muchos invitados, pero sólo uno se quedaba con ella. Recuerdo su vestido corto, su baile a ojos cerrados, su jugueteo con los hielos, su habilidad para que todos la conozcan y para conocer así a todos. Queda claro que una chica así nunca puede ser tuya, pero comprendí por nuestra charla siguiente en la sala de mi departamento que no era cuento, ella en verdad una vez fue de alguien, enterita y plena. Cruza las piernas. Fuma. Al decirlo, noté como sus ojos la hicieron viajar por la periferia de su corazón quebrado. Le estaba crujiendo el alma. Luego, pidió otra copa y escupió sobre los hombres durante una hora sin parar. Era una chica-cosmo rabiosa y vulnerable, una escolar malandra convecida que somos ratas que jamás se podrían domesticar. Hijos del dolor de las mujeres, formados para no saber amar, menos aún cuando somos amados. Homicidas emocionales sin respeto ni moral. Encantadores, letales, brutos, majestuosos aparatejos de los que toda mujer se debe cuidar si conduce sobre uno, para poder cambiarlo a tiempo por el modelo del año antes que todo falle y se estrelle para finalmente morir por él. Mmmmmffff...hombres- decía saboreando su rabia- el más vil animal .
Cuando hizo silencio, volvió la mirada hacia mi con ojos húmedos, una mirada regada con dolorosas aguas del desengaño. Sólo me quedaba lamentarme de mi mala suerte por esta catarsis fuera de libreto. Miré mi vaso y Nati siguió en silencio mordiéndose los labios, alterada.
Luego me preguntó si me la podía mamar.

...

miércoles, 22 de abril de 2009

escena en un autoservicio



Max se ve atrapado entre el caos vehicular dentro de un autoservicio.
Todos tratan de avanzar con sus carritos del mismo diseño pero claramente diferenciados por sus contenidos. Alguien menciona las ofertas en el altoparlante.Todos sonríen mientras compran, se saludan, conversan, hasta que llegan a las cajas. En la caja nadie sonríe. Nunca.
Max no lleva una lista de compras, ni un niño sentado en el coche, ni una compañera que la ayude a elegir los productos. Observa una manzana solitaria en medio de una montaña de papas.
Se siente como esa manzana.

A diferencia de las calles, en un autoservicio cuando alguien choca con otro se disculpa, no lo insulta ni lo agarra a golpes. Algunos/as hasta sonríen, cruzan miradas, palabras amables, incluso coquetean.
Nadie muere atropellado en el autoservicio, a menos que sea una fruta que se cayó de su torre. Aún así es poco probable que muera aplastada por las ruedas de un carrito; suele haber alguien que a tiempo la coloca en su lugar. Sólo cuando esto no ocurre, la pobre fruta puede terminar aplastada por una sadalia, unas zapatillas, una bota o un taco 7.

Max observa a la gente en aquel tráfico de coches cargados de alimentos y bebidas. Emiten señales de superioridad, de pertenencia, de exigencia, de necesidad o de derroche. Nadie dirige ese tránsito. No hay reglamentos ni señalética, a menos que quieras saber donde está la leche por ejemplo. Es la cuarta semana de Max tratando de olvidar el hemisferio solitario de su cama haciendo girar las ruedas de un carrito de compras entre cientos de marcas. Cruza miradas buscando una cara amable, un flechazo furtivo que sea el comienzo de una aventura con código de barras. Choca su carrito con el de una mujer sin anillo concentrada en las infusiones. No logra atraer su mirada. Se disculpa. Avanza contra el tráfico. Toma una conserva y hace una pregunta tonta a la chica ejecutiva que revisa su lista. No obtiene respuesta. Va a la sección de shampoos. Hay una nación de mujeres leyendo los frascos. Max nota que las fórmulas por tipo de cabello son más atractivas que él. Vencido una vez más y sin nada en su carrito, se fija en aquella manzana sobre la ruma de papas que observó toda la escena. Aquella manzana silenciosa y solitaria que lo hizo darse cuenta hasta donde nos lleva la soledad y el precio que nos hace pagar por nuestros errores.
Va con el coche vacío hasta aquella manzana y la lleva consigo. Luego, se dirige a la caja con la fila más larga de coches llenos y tampoco sonríe mientras espera su turno para pagar la fruta en cuestión.
Casi 20 minutos después, una trigueña de ojos pequeños y prendedor con el nombre de Andrea presiona el botón que hace avanzar los productos en la faja transportadora de la caja y recibe una solitaria manzana. Luego de haber escuchado el escáner sonar infinidad de veces como cada noche de lunes, cansada levanta la mirada y no puede evitar sonreír ante la escena y la paciente espera de un cliente tan solitario como su manzana. Max la mira y también sonríe. Por un instante esa caja con ambos mirándose parece la toma principal de un comercial de televisión para una cadena de autoservicios.
Una vez fuera, Max camina hasta su departamento sintiendo en cada bocado que esa es la manzana más deliciosa que no probaba en mucho tiempo.
Sin duda, al día siguiente irá por otra igual. Y la pagará en la misma caja.

...

martes, 10 de febrero de 2009

girls just want to have fun



Tres niñas tratan de entender lo que están viendo.
Les resulta curioso, extraño. Se ríen entre ellas con malicia y complicidad. No les es aberrante ni repulsivo; es simplemente nuevo, simplemente divertido.
Se concentran en los detalles, las formas, expresiones y movimientos. Aquellas imágenes del mundo de los grandes las hacen sentir poderosas, de pronto conocedoras de un secreto que vuelve a los adultos indefensos y vulnerables, no merecedores de respeto, perdedores de su autoridad, de veracidad, de control. Se descubre la verdad de sus silencios y excusas, de sus tontas razones, de su lenguaje incomprensible y represor.
La pureza se esfuma y una nueva verdad corre dentro de sus mentes. La vida se estrella contra sus corazones violentando crudamente conceptos hasta hoy intocables como amor, respeto, caricia y protección. Los besos y abrazos se deforman ante unos ojos que no parpadean, testigos del renacer de una razón apresurada y oscura que se presenta con su sonrisa más insolente.
Se pierde el sentido del cuerpo preciado y puro para dejar nacer el cuerpo-objeto.
No reconocen sus partes tal como las conocían hasta ese momento. Se vuelven mortales como cualquier adulto. Se miran entre ellas con recelo y temor, silenciosas y vacías. Se va la risa y se establece el rencor. Se va la niñez, ultrajada, herida e irrecuperable.
Cuando apagan el televisor, en silencio y sonriendo otra vez le dan la bienvenida a la curiosidad. Renacen y entonces sienten su sexo como la lengua de un ángel.

Horas más tarde, cuando todos duermen, papá y mamá desnudos se preguntan horrizados qué hace un dvd de Hannah Montana dentro de la caja de su porno favorita.


...

miércoles, 4 de febrero de 2009

el gran paso


50 metros separaban a G del suelo.
Sin notarlo había acumulado en los últimos años la suficiente carga vivencial para no tener dudas ni miedos. Estaba convencido que aquella energía bastaba para dar el gran paso hacia la más sublime sensación de paz y libertad que el hombre jamás haya anhelado. G tenía claro que no se trataba siquiera del placer como un motor vital aquello que nos hacía levantarnos de la cama, comunicarnos, relacionarnos, amar, competir, crecer, reproducirnos. Había algo más elemental y primario. G lo llamaba nuestra necesidad de entretenimiento. Básicamente necesitamos "estar haciendo cosas" que nos quiten el aburrimiento mientras corren los días. Así, desde leer, hasta formar una familia, se convertía elementalmente en productos de nuestra necesidad de estar entretenidos con algo. No importa si es placentero, doloroso, alegre o triste. Se trata de burlar el paso del tiempo que la vida necesita para no sentirla pasar e inevitablemente morirse de aburrimiento. G estaba inmerso en su dorado pantano de nihilismo y al haber comprendido por primera vez todo, estaba convencido que este gran paso cerraría su capítulo para siempre antes de llegar aún mucho más lejos.

G había logrado lo que a los ojos de los demás un hombre afortunado podría hacer en una vida; el éxito le sonreía, tenía una familia ideal, un fraterno grupo de amigos, dinero, poder, salud.
Aquella mañana, la mayoría de las personas importantes para él estaban con los pies el la tierra mirando hacia el cielo a un G a punto de dar el gran paso y trascender la barrera que separa a los hombres que sólo alcanzan tener una vida doméstica, cotidiana y banal de aquellos que buscan liberarse de ese vacío que hace que creas tenerlo todo, cuando en verdad no tienes nada.
Así fue que todos despidieron a G en su viaje desde la tierra hacia el infinito, comprendiendo que su decisión obedecía a la eterna búsqueda no resuelta del hombre : la verdadera libertad.
Entonces G les dedicó a los presentes una mirada cálida desde lo alto para luego cerrar los ojos. Estiró los brazos, dio un paso hacia adelante y voló.
Mientras familiares, amigos y conocidos lo observaban emocionados alejarse sobre las nubes, la voz de su primogénito rompió el silencio del momento diciendo - cuando sea grande quiero ser como papá.

...

miércoles, 28 de enero de 2009

exit



Haremos esto por amor, eso lo sabes.
Por amor, la fuerza más poderosa el universo, mira tú, quién lo diría. Y yo que hasta que te conocí nunca creí en eso y me burlaba de tantas historias cursis de amigos y conocidos, de los mailsitos edulcorados destilando ternura, de los detallitos inesperados, las miraditas a escondidas, de los insomnios implacables (siempre escuchado "la canción perfecta para el momento", claro) y de todo ese delicioso sufrir. Pero no. Por las noches no hacía más que soñarte y a la distancia ofrecerte mi alma. Ahora no dudo que esta conexión fugaz tenía que darse. Recuerdas nuestro primer choque en el pasillo; el golpe de miradas, tu expresión reconociendo mis señales, mis palabras viajando hacia ti y tu inmediata respuesta. Luego se puso mejor con las citas disfrazadas de una amistad que poco a poco atravesó todas las barreras. Te acuerdas que las imaginábamos como viejos murales graffiteados con la cara de nuestros viejos, de los que se hacían llamar nuestros amigos y de algunos estúpidos más que no vale la pena recordar? (por ejemplo tu ex) Mírame y no sueltes mi mano. No temas. Tú eres la fuerza y yo tu otra parte, siempre fue así aunque esta vez sea yo quién diga esta declaración. Me siento con ese poder gracias a que hemos llegado hasta aquí. Lo que viene ahora es un regalo, te lo prometo. Será como esas canciones que tanto nos gustan, una vibración intensa que llenará nuestro corazón de luz y dejará claro que lo que estamos por hacer es lo que nos toca hacer y no hay más. Se acabará la tristeza (aunque contigo me gusta tanto esa forma de dolor), las verguenzas, las palabras incómodas, los murmullos, las explicaciones y todo aquello que estos meses trató de separarnos. Se acabó. Nos tenemos pero esta historia, bueno nuestra historia, la terminaremos como tiene que ser. Yo no tengo más miedo. No deseo nada más, te lo dije muchas veces. Soy valiente y estoy contigo. Mira las marcas de tu amor en mi. Podría haber escrito nuestra historia en mi piel para demostrarte que todo esto es real...Ja!, escúchame ahora, estoy repitiendo todo ese rollo del cuál solía burlarme, expresándolo con coraje y desnudez.
Esta vez hoy será nunca más. Este es el instante que imaginamos, nuestro ritual hacia la eternidad en el que viajaremos con un cartel de "juntas para siempre" colgado de nuestras lenguas. Piensa un momento en los titulares de mañana: Dos bellas adolescentes se quitan la vida y son encontradas tomadas de la mano en la escena del suicidio.
Dime, no es hermoso?


...

domingo, 7 de diciembre de 2008

home alone


Cuando A. escuchó por primera vez ese sonido, se incorporó sobre la cama inmediatamente.
Sentado mirando la puerta de la habitación entreabierta, respiraba agitado y sentía que el corazón explotaba en su pecho. Estiró ligeramente el cuello hacia su derecha con los ojos bien abiertos y la boca tensa. Estaba seguro que afuera del cuarto había algo.
Todo estaba en silencio, menos su pecho. Entonces volvió a escuchar atentamente. Silencio otra vez. De pronto ahí estaba nuevamente ese sonido seco. Estiró la mano izquierda buscando en la oscuridad el interruptor de la luz de la lámpara, alerta, sin despegar la mirada de la puerta. No lo hallaba. Tanteó con el sonido viniendo desde fuera. Sus manos golpeteaban repetidas veces la mesita de madera buscando ese interrumpor. Seguía sonando ese extraño ruido, indescriptible, quizás como unos pasos arrastrados, pesados y torpes. Los ojos se le secaron por la ausencia de parpadeo y comenzó a agitarse más. El filo de la puerta que tenía delante parecía un barrote de ténue luz en medio de la penumbra. No alcanzaba el interruptor y ese sonido parecía estar en la misma puerta de su habitación. Tragó saliva y comenzó a rezar Ángel de la Guarda, dulce Compañía, no me desampares, ni de noche, ni de día. Sus manos hallaron el interruptor y de pronto una luz amarilla llenó la habitación. Todo estaba en su sitio. A., sentado presionando el interruptor y con la boca entreabierta sentía el cuello duro, congelado e inclinado unos centímetros a la derecha. Sus ojos miraban fijamente hacia la puerta y su respiración era violenta y entrecortada. El cuerpo se le había enfriado, estaba humedecido. Todo era silencio otra vez.
Miró alrededor. Ahí estaban su armario, sus juguetes, sus libros de cuentos, algunas fotos. No quiso pararse de la cama. Apagó otra vez la luz y se encogió internándose bajo las sábanas, descendiendo en posición fetal. Suspiró e intentó poner su mente en blanco. Solo un rato más y ya- pensaba. De pronto otra vez el sonido seco, como pasos que iban desde el corredor fuera de su cuarto hacia donde él estaba. Cerró los ojos con fuerza y cubrió totalmente su cabeza. Siguieron esos ruidos, cada vez más cerca, esta vez aproximándose a él. Sacó un ojo por entre las sábanas pero no alcanzaba ver nada en la oscuridad, solo ese sonido más cerca. De pronto, algo se sentó en el filo de su cama. A. lanzó un alarido y se sentó gritando repetidas veces lo más fuerte que pudo. Justo a tiempo una mano lo tomo por el brazo y acarició su cara enfebrecida.
Mientras A. enfocaba poco a poco la mirada reconociendo su entorno y recuperando el aliento, una dulce mujer de mediana edad le decía despacio al oído - ya...tranquilo, tranquilo mi amor, no fue nada...descansa que mañana tienes que ir a trabajar.
Eran las 3:47 de la madrugada.
La última vez que A. rezó el Ángel de la Guarda fue hace 27 años.

...

jueves, 4 de diciembre de 2008

juego de manos


Su cuerpo se puso rígido y el tiempo dejó de ser tal.
Bajo su piel, un torrente de calor/color le ofrecía un nuevo sabor de vida. Cosquillas. No, dedos. Labios quizás, haciendo círculos sobre su vientre. Un millón de vidas y manos alrededor de su piel. Suspensión, ausencia de gravedad. Se perdió entre sus dedos pero se sentía angelical. Llovía, se purificaba. Llegaba la santidad. Nada humano habitaba dentro entonces; reía sin sonreír, sentía sin tocar, perdió carne, sexo y edad. Era dios elevado a la sublime potencia. No se escuchaba respirar, pero sentía que el aire pasaba violentamente a través de su ser. Sin decir palabra dictaba claramente: no soy, no estoy, no doy. Se reconoció y se sació de su nueva condición, intentando eternizar el viaje, suplicándole a sus dedos no perder la ruta. Se engullía el momento con todo y su nombre, no había piedad ni verguenza. Sus párpados amortajaban unas pupilas feroces queriendo escapar. Era voraz.
Luego el vértigo abrazó la paz y reconoció a lo lejos el factor humano acercándose en slow motion. Anatomía y alma se estrellaban tiernamente. Intentó resistirse a cambio de más y obtuvo violentos espasmos. Recuperó su piel, su nombre y comenzó a escuchar su corazón. Su mente rastreó algo parecido a su primera llegada al mundo. Lo confirmó cuando abrió los ojos y vió otra vez la luz.

Cuando bajó al comedor a cenar, sintió que todos alrededor sabían lo que había hecho.
Registró sus miradas y gestos como navajas heladas. Mamá parecía tensa como un tótem. El más pequeño tenía un aura de inquisidor. Sintió nuevamente calor en la piel. La mesa entonces era una hoguera.
Papá preguntó dulcemente - qué tanto hacías arriba que no bajabas a comer?
Ella se encogió de hombros sin despegar la mirada del diseño de líneas rojas que adornaban el borde del plato.
Luego dijo para si - ...quiero más.

...

martes, 2 de diciembre de 2008

zapping





Cuando M terminó de leer la declaración de amor de K escrita con finepen Faber Castell negro y perfecta caligrafía (de acomodado colegio de monjas) detrás de una foto de ambos, supo que vendría la pregunta obligada.
Leyó con cuidado delante de una K púber, nerviosa y sin celulitis ni hijos, el repaso de aquellos últimos 9 meses saliendo juntos. La foto correspondía a una instantánea captada en el último cumpleaños de K, bien agarrada de su brazo y luciendo la sonrisa más grande del mundo. M repasó en cada línea todo lo vivido juntos.
Cuando terminó de leer el texto de la foto, K le preguntó con labios nerviosos - y?...qué me dices?
M, sin dejar de mirar la foto contestó - no tengo nada que decir.

Quince años después, en el cruce de Santa Cruz con Conquistadores, M frenaba ante una luz roja dejando pasar a una mujer robusta, en zapatillas y llevando a un niño de la mano. Era K.
Ella lo miró, lo reconoció y siguió caminando.
M comprendió que entonces ella tampoco tenía nada que decir.

...

Sentados en el suelo de una habitación, L y C escuchaban cassettes con música de Pere Ubu y viejos discos de la nueva ola, rodeados de arte, música y comics.
C dibujó con carboncillo grueso a muchos hombrecitos en distintas posturas sobre una cartulina blanca y se lo regaló a L. L recibió aquella apasionada obra tratando de entender los detalles de las expresiones de aquellos personajes; bocas abiertas, pelos parados, miradas crispadas, dedos extendidos. Cuando levantó la mirada para preguntar las claves de aquel universo se encontró con los labios de C intentando tocar los suyos.
Sorprendido se apartó y se hizo un silencio glacial. Minutos después decidió irse no sin antes decirle - lo siento, no me gustan los hombres.
Muchísimo tiempo después L leía un titular : Asesinan a Dj peruano en su departamento en Madrid.
Pensó si tendría algo de cierto eso del destino; el beso que no pudo ser, el crimen consumado, la mirada de la muerte en el último segundo.
Y pensó muchas cosas más.

...

Estacionados en una calle frente a la más efervescente fiesta, una pareja se devora ante la posibilidad de un amor sin posibilidades. Saben perfectamente que cuando amanezca, al separarse, volverán a ser dos ajenos. Sin embargo, también sienten que de esa forma sus pieles saben mucho mejor.

No muy lejos de ahí, un chico espera una llamada de su novia que nunca llega. Tuvo una salida forzada con sus amigos, pero aburrido volvió a casa.
Se convence que será la última vez que permite que ella salga sola con sus amigas.


...

domingo, 30 de noviembre de 2008

un culo en el suelo


Sin prestar atención a lo que le decían en ese momento, R se quedó observando buen rato la imagen que se había formado sobre el parquet debido a la humedad que la delineó y al polvo que permanecía intacto alrededor. Esa especie de sudario claramente grabado en el suelo era más que evidente; era el culo de una mujer.
Eran las 11:00 am y sobre ese mismo parquet, solo unas horas antes, R había hecho el amor con la dueña de ese culo.

Cuando R recordaba a MM viajaba al verano y la veía pasar por su puerta con aquel short de jean corto, cortísimo. También su figura delgada de hermosas piernas, su cabello negro, ondulado y revuelto, siempre cortando su cara. Evocaba su amor por la poesía y la izquierda. El enorme piano en el segundo piso de la casa donde ella solía tocar melodías de Brahms y clásicos de Siouxsie and the Banshees. Recordaba su radioactivo humor y sus risas repentinas. Su bicicleta roja. El short cortísimo otra vez. Siempre con sol, para que todo el año lo persiga una febril efervescencia hormonal que lo hacía jurar que aquella mezcla de intelectual con palomilla de esquina tenía que pasar por su piel alguna vez.
Poco antes que R se mudara a otro distrito, MM le regalo un ejemplar del Kitchen de Banana Yoshimoto. R se fue un agosto del segundo capítulo de los 90's, con su fiebre, el Kitchen bajo el brazo y sin haberla besado jamás.
Cuatro años más tarde, alguien golpeó una noche la espalda de R en una discoteca en Miraflores mientras bailaba Enjoy the Silence de Depeche Mode: era MM.
Bebieron, brindaron por la vida, por los infartos de los corazones solitarios y por la Yoshimoto. Bebieron y bailaron regalándose miradas acompasadas. Rieron mucho y se abrazaron. Ambos tenían la piel a punto y el corazón con esa incertidumbre que te pule la mirada.
R sintió que su fiebre por ella aparecía como una oportunidad del destino en el momento más favorable, húmedo y pop desde las entrañas de aquella disco miraflorina, como un video clip de madrugada a punto de pasar por la censura. Le fascinaba aquel momento, lo hacía elevarse. No pudo más y disparó - Acabo de alquilar un departamento a unas cuadras de acá.
- Ah si!...te felicito!!
- Quieres conocerlo?...bueno, lo alquilé ayer, está vacío, ni siquera está limpio. No hay nada más que polvo en el suelo. Ni sillas, ni muebles, ni cortinas, pero me encantaría que seas la primera en visitarlo.
- qué honor...será lindo, vamos!


- R, ves eso?
- ...eh?...no, qué es?
- ahí, eso!...no parece un culo de mujer?....mira, ahí están las nalgas, acá se ve una pierna...parece un cuerpo no?...se ve el culo clarísimo. Qué raro. Qué te dijo ayer el dueño, quién vivía antes acá?
- pues, no sé...no le pregunté...solo me dió las llaves ayer y nada.
- hay tanto polvo, que parece que quien estuvo acá la última noche decidió hacer una despedida muy caliente y húmeda sobre el suelo no?...debió haber sido salvaje!...qué locura, es tan excitante!
- (...)
- anda...ahora que tenemos... bueno, que tienes este lindo depa, alguna vez no lo limpiarás y me harás el amor salvajemente en el suelo para dejarte mi culo grabado en el parquet de tu sala?...anda dime que si ...!


Un año después, una noche de insomnio R recorbaba mirando el techo de su habitación el culo perfecto de MM sobre el suelo.
Sintió calor. Era verano. Se levantó con mucho cuidado de su cama y fue al baño.
Encendió la luz, se mojó la cara, tomó un poco de agua y volteó a mirar a su novia que dormía desnuda sobre una impecable king size. Le pareció que aquella cama era perfecta y oportunamente grande.
En ese instante, en algún lugar lejos de ahí, MM comenzaba a leer N.P de Banana Yoshimoto para acompañarse, mientras a dos centímetros de ella su esposo roncaba violentamente, bien pegado a su culo.


...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Querida P.


Cuando A terminó de escribir aquella dolorosa carta de despedida, notó que no sólo le resultaría imposible decir todo lo escrito en voz alta, sino que jamás volvería a escribir una carta tan triste, amarga y quebradiza el resto de su vida. Suspirando apoyó su frágil ánimo en la secuencia de luces de un viejo cartel luminoso que parecía comunicarse en morse, mientras recordaba con la mirada congelada imágenes sin audio ni color, cosas que pasaron y cosas que pensó alguna vez que podrían ocurrir.
En silencio se despidió de los juegos que ambos tenían, de aquella complicidad traviesa y efervescente del verano que se iba, temporada y amor que estaba seguro no volvería a tener. Evocó su mirada y la visión de aquellos besos a escondidas en los que ambos se descubrían mirándose a los ojos mutuamente para terminar riendo y sintiéndose uno solo. Sonreía con tristeza. Una imagen fugaz le devolvió la tibieza de su mano tomándo la suya y al cerrar los ojos pudo sentir que lo miraba. Era ella y A tenía el corazón hecho trocitos.
Cerró el sobre con particular cuidado. Repitió el suspiro y escribió en la parte de adelante con crayola roja y caligrafía muy redonda : Para P.
Fue a la cocina y dijo a débil voz - mamá, puedo ir a dejar esta carta a P?
Entre el seco sonido de un lavavaijllas en acción, apenas logró entender - vas... y vienes.
En la calle, con el sobre en la mano y apurando el paso, A sintió que sus 12 años le pesaban en el alma.
Mientras pensaba en cómo entregar su dura carta de cuatro palabras, cruzó delante de un kiosko de periódicos donde un ejemplar gritaba a todo color - Madonna se divorcia de Guy Ritchie.


...

sábado, 22 de noviembre de 2008

burbujas suicidas



Con el culo pegado a la arena y la cabeza en descanso, M vivía el momento tal cual lo sentiría una computadora con el screensaver en marcha; loopeado y suspendido.
Ni el ruido alegre de la luz del día, ni los bikinis de colores desfilando de un lado a otro, ni D, la guapa morena que leía el diario plácidamente a su lado podían alterar su estado.
Su mano izquierda sostenía firmemente una vaso con cerveza. M se quedó enganchado a la imagen del vaso con cerveza fresca y dorada donde diminutas bubujillas ascendían nerviosas, algunas despegándose del vidrio y otras emergiendo cual suicidas en caída inversa, cuyo fin llegaba con el impacto sobre la densa capa de espuma que coronaba la superficie de aquella bebida a 5 grados de temperatura. Todo un universo en caos dentro de un vaso transparente.
Sintió por un momento que su mente viajaba hacia dimensiones que rozaban lo ridículo, pero aquellas burbujas lo sacaron de la tierra por varios minutos.
D lo vuelve a la vida comentando de pronto - sabías que el día más deprimente del año según un psiólogo del Reino Unido es el 24 de Enero? Dice; al juntarse el síndrome post-vacacional navideño, el déficit por los gastos en la primera curva de Enero y la frustración de ver cómo hemos vuelto a incumplir nuestros propósitos de Año Nuevo, hacia el 24 de Enero se celebraría, científicamente hablando, el día más deprimente del año.
M siempre pensó en Diciembre como el "viernes del año". La última semana, incluído el año nuevo, tenían todo el sabor y frenesí de un gran sábado. Siguiendo esa lógica, Enero podría ser una especie de domingo. Se volteó hacia D que levantaba su vaso para hacer un brindis por el "día más triste del año" mientras sonreía burlonamente ante la pintoresca noticia.
Cuando M se disponía a beber, sintió cierta nostalgia por esas burbujillas suicidas que inquietas se estrellaban contra la superficie de espuma antes de desaparecer para siempre.
Era 24 de Enero y había mucho sol.

...

lunes, 17 de noviembre de 2008

discontinuidad


Durante casi 9 meses la chica bronceada de gran sonrisa se cruzó exactamente a las 8:11 am en algún lugar de Lima, con el joven gris de mirada al suelo.
Ambos cerraban las puertas de sus casas hacia las 7:59 para dirigirse al paradero.
Hacia las 8:03 caminaban a la esquina de sus casas mientras armaban en sus cabezas el clip para el soundtrack de su día (inevitablemente auspiciado por iPod) separados por un abismo cultural y emocional. Luego repentinamente uno divisaba al otro.
Entre las 8:14 y las 8:20 cada uno tomaba su respectiva combi. Con suerte encontraban un asiento, sino viajaban algún trecho apoyados en el más infecto pasamos de ocasión, mientras cada uno repasaba lo que fugazmente registró del otro.
Cuando llegaban a sus destinos, ambos por separado escribían su día.
Mientras ella percibía que aquella atmósfera le dibujaba un día feliz, él confirmaba que a Lima le va cualquier balada triste.


( 8:23 am -Qué bueno que hoy salió un poco de sol! - ella)

( 8:25 am- Lima es una ciudad shoegazing...- él)



Para él, cruzarse todos los días con aquella chica bronceada de gran sonrisa a la misma hora representaba exponerse a un particular brillo que le dejaba cierto temblor interno. No se atrevía a mirarla. Para ella, cruzarse con el chico gris de mirada al suelo todos los días a la misma hora era preguntarse si era emo, heavy metal, punk o darkie. Aquel patrón sin embargo, formaba parte del paisaje rutinario elemental en cada uno, añadiéndoles el pulso necesario para que él se acomode el mechón oscuro de cabello que cubría su ojo izquierdo y ella apurara el paso para alcanzar a verlo, buscando entender el por qué de tanto gris. Luego cada uno llegaba a su destino y escribían sus días sabiendo que en aproximadamente 24 horas, a las 8:11 am., sus paisajes serían el mismo otra vez.
Y así, pasaron de la costumbre de miradas esquivas, a la expectativa y la sonrisa. Ansiosos e intrigados, pero siempre sin hablar. Concluyeron en sus mundos que aquel encuentro era algo así como el beso de la mañana, el primer café de la oficina y la mejor manera de olvidar lo jodido que es vivir en Lima y viajar en combi, un sencillo instante especial que coloreaba el momento haciéndolos despertar con una idea nueva en la cabeza, colgados en aquel programa teatral, en ese gag de aire romántico y juvenil bellamente empaquetado en la ciudad menos indicada del mundo.


Hasta que un día, ella compró un carro.


...

viernes, 14 de noviembre de 2008

Postales de un Viernes cualquiera


Charla-previos con Clau.
Whisky, buena música y un pulgar dañado.




Algunas personas dan fe de sus sus historias dejándolas en la calle para que otras personas las hagan suyas.
(y a otros nos saquen fotos)




La pared de Pajareto estaba colmada de ideas. Yo colaboré con la mía :
Tip #1
Siempre es mejor no tener ni idea.



Tierra Sur sembró buena vibra. La Mente nos comió el cerebro.
Sólo sonrisas.
Con Dnx, "DJ"Pajareto y Clau.




Estos momentos fueron cazados por El Rojo.
Gracias por la noche y por compartirlas.

...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

metamorfosis



El chico flaco de cabeza rulosa se aburre en el pupitre de la improvisada academia preparatoria que opera dentro de un colegio peruano-japonés.
De día era colegio, de tarde era academia. De día, sus viejas aulas recibían a cientos de escolares, de noche a unos pocos esperanzados postulantes a la universidad. Aquella estructura mantenía su condición de espacio para albergar alumnos, pero amanecía siendo algo y al caer la noche se convertía en otra cosa.

El chico flaco de cabeza rulosa no entiende trigonometría.
Observa las caras de los otros postulantes. Se detiene en el acné de uno, en el escote de otra, en el cuello percudido de la camisa del profesor, mientras siente que la vida se le llena de fórmulas.
Decide no atender el curso, reafirma que no le interesa la universidad e intenta mantener su mente alejada lo más posible de :

Fórmulas de Trigonometría


Aburrido, introduce las manos en el cajón del pupitre y reconoce la forma de un libro.
Tiene tapa oscura y no lleva nombre de propietario. Piensa que es un salvavidas, un antídoto a la podredumbre temporal y sin mirar el título lo abre.
Entonces lee : Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.
Sonríe para sí pensando que igual que el colegio que de día es colegio y pasa a ser de noche academia, igual que él, que pasa de ser el chico flaco de cabeza rulosa-libre feliz a ser el chico flaco de cabeza rulosa atrapado y podrido en clase de trigonometría y el personaje del libro que pasó de Gregorio Samsa a monstruoso insecto, hasta lo menos esperado cambia y se convierte en otra cosa.


A la mañana siguiente, el humilde y confiable encargado de limpieza de las aulas se convertía para las autoridades y maestros del colegio en un desconsiderado e inescrupuloso ladrón, siendo automáticamente despedido ante la queja de un aplicado y silencioso alumno de secundaria que enfurecido y frustrado se había convertido en un irreconocible e implacable acusador.

Semanas más tarde, el chico flaco de cabeza rulosa pasaba de ser un joven relajado y feliz a ser una estadística más de jóvenes que no logran ingresar a una universidad, pero a la vez se había convertido en el nuevo propietario de una hermosa primera edición en tapa dura de un libro de relatos de un aclamado escritor checo, objeto que a su vez, también había cambiado de dueño.

...




domingo, 9 de noviembre de 2008

remotos 12


El señor M cubría su barba de 48 horas con gel para afeitar nivea y se perdía, como todas las mañanas, en los terceros paisajes de su memoria.
Mientras se lamentaba soñoliento de aquella tupida barba encontrada, recordó algo de sus remotos 12 : un beso.

K era una niña de 11. K era sileciosa y tranquila. K resultaba ser más alta que el resto de la pandilla. K lucía un cabello castaño y una mirada de domingo por la tarde que la acompañaba todo el año. Junto al resto de niñas, K encajaba perfecto en el papel de patito feo, que sumado a su marcada timidez y tamaño, la convertía en la niña que todos molestaban y de la cual se tejían las más crueles historias. Pero había algo en ella que resultaba particularmente atractivo y especial : K tenía una hermosa barbilla; pequeña, redonda y partida por un coqueto hoyuelo.
Un día, la pandilla venció las usuales diferencias territoriales entre sexos (el que se junta con las mujercitas es una mujercitaaaaaa!!!- y viceversa) y junto a todos, el púber señor M también experimentó aquella inexplicable sensación de aventura y excitación que lo empujaba a querer (y no querer) pasar más tiempo con las niñas. Era verano, tiempos en que se descrubrían mucho más que nuevos juegos.
Todos se sentaron en círculo. La gordita F, la guapa T, el gracioso J, el líder R, el silencioso E y el señor M, sin saber quién era ni qué hacía ahí. La última en unirse, ante las miradas desafiantes de todos, fue K y su coqueta barbilla, soportando toda aquella expresión de domingo, tranquila y más alta que todas. Curiosamente, era un domingo.
Se colocó una botella vacía de Inka Kola en medio de todos que pronto una dimunita mano de pequeñísimos vellos hizo girar. Las miradas nerviosas y los movimientos de aquellos cuerpitos sentados en el suelo transmitían en silencio una intención oculta de querer detener el tiempo.
Cuando la botella se detuvo, la parte superior señalaba las rodillas de K. El otro extremo, estaba a la altura de las zapatillas del joven M.
Se hizo un silencio nuevo.
K no esperó y se puso de pie frente a M. Lo tomó de la mano y condujo al interior oscuro del descanso en el edificio junto al que se reunieron todos. M sentía que le sudaban las manos. K no decía palabra y caminaba segura por el corredor. Afuera, todos gritaban y aplaudían. M quería salir de ahí en ese mismo instante y justo cuando estaba por anunciar su decisión de abandonar el castigo, unas pequeñas manos tocaron su rostro en la oscuridad: recibía un dulce y largo beso, el primer beso de su vida. Suave, delicado, perfumado y verdadero.
Por un momento que se eternizó, igual que en las pelis, la vida se detuvo.
K no sentía la menor incomodidad. Le regalaba a M una eterna caricia labio a labio que nunca se volvió a repetir en su vida y cuyo sabor y sensación tampoco nunca se pudo igualar. Sentía su respiración tan cerca. Sus manos tibias. No pudo más, abrió los ojos y la miró; K lo besaba con los ojos cerrados.
Cuando apartó su rostro, K lo tomó de la mano y salieron juntos. De pronto afuera todo estaba tranquilo, hasta que F dijo- no se vale, han estado menos de 10 segundos!



El señor M pasó la mano mojada sobre el espejo empañado y acercó la máquina de afeitar a su barbilla.
Mientras el agua caliente corría se preguntó si K estaría casada, si tendría hijos, si sería feliz, si conservaba intacta aquella hermosa y coqueta barbilla. Finalmente, antes de comenzar a afeitarse, se preguntó qué habría sentido ella cuando lo besó.

Respiró profundo y se afeitó.


...

miércoles, 5 de noviembre de 2008

ideales


Qué costumbre la nuestra (oh, descubierta con agrado y júbilo!) de reconocer y clasificar ideales.
No me refiero a planes futuros, sueños o proyecciones. Eso no nos va (muy fresa para esta pasión, muy organizado para nuestro momento, muy previsible para este viaje). Voy al tema de aquellas cosas insignificantemente simples que experimentamos, registramos y repetimos para asegurarnos luego cierto tipo de franciscano placer y para lo cual no necesitamos más que las ganas. Por ejemplo, mencionemos algunas aprobadas y de consumo habitual ; la raspadilla de aquella tienda de sanguches por la Benavides que te aloca. Las mieles mezcladas (de pura fruta, claro) coloridas y sinuosas deslizándose apetitosamente sobre el hielo picado, el milhojas de Belgravia, ligero de azúcar, crocante al mordisco, con crema y su fresa de corona, el agua mineral San Mateo (con gas y helada, jamás con hielo) que ambos reconocemos como la mejor agua del mundo, el pan caliente con jamón de nuestras tardes mancoreñas en implacable bajadón , la Pilsen helada en lata, el whiscola callejero y nuestro vino Las Moras (con o sin amigos, total igual nos encanta beber), la adicción a las gomitas Frugelee que compramos por bolsas grandes para mezclar sus sabores en un rumiante y catatónico loop tan único que resulta ideal para elevarte de este mundo, cualquier puesta de sol, quizás una tarde de verano en El Silencio. La rica miel y lo que viene después. Nosotros, como sea y donde sea.

Pero qué linda es la vida cuando la vida es linda! (y simple).




Oye, no te provoca un chape?


...

martes, 4 de noviembre de 2008

corazón triple equis



No estamos en París
ni parezco un joven Brando
pero tengo una Dorina
nos podemos divertir.







Afílate.








Mi corazón Triple X
servido está
para ti.




...

lunes, 3 de noviembre de 2008

la mujer de arena



Dnx la comenzó a descubrir a partir de un par de perfectas y firmes tetas. Yk entendió que bajo la arena nos esperaba el resto de ella, así que comenzaron a buscarla.


No tenía nombre, ni pasado. Emergía con su presente aferrado a la arena. Nos quedamos mirándola para entender en los detalles qué hacía ella ahí.



Se aferró a su condición de musa entre mortales que no quiere dejar su hogar y nosotros tuvimos que respetar aquellos anhelos espirituales y puros.
La sentimos particularmente cercana a nosotros.


Le pedimos tres deseos en esta vida.
En silencio hicimos nuestras peticiones.


Yk me dijo que el eco del mar y las energías de la divina naturaleza me estaban librando de la sombra que me persiguió en los últimos días.
Pensé que podría tener que ver con La Mujer de Arena el haber caminado tanto, el haber llegado hasta ahí y finalmente encontrarla.
La dejamos en paz y nos fuimos a casa.


Curiosamente la cinta de Bonfim que tenía hace un tiempo atada en la muñeca se rompió esa tarde sin causa aparente.

No sé por qué pero me siento distinto.


Me pregunto si ella alguna vez existió.



...